La ‘demencia senil’ no existe, es un mito

El mito de la 'demencia senil' resulta peyorativo y peligroso, pues priva de diagnóstico y atención temprana en trastornos neurocognitivos.

El término ‘demencia senil‘ suele utilizarse comúnmente para referirse al deterioro cognitivo en personas mayores, sin embargo, hace ya muchos años que sabemos que la llamada ‘demencia senil’ no solo no constituye una entidad diagnóstica, sino que además, se usa de forma peyorativa para deslegitimar el juicio y las facultades cognitivas de las personas mayores; correlacionando directamente el envejecimiento natural con una supuesta forma de demencia, de manera contraria a los datos científicos disponibles. A continuación, te contamos por qué la ‘demencia senil’ es un mito popular -o al menos una conceptualización errónea, desactualizada y peligrosa- aunque a día de hoy existan incluso profesionales que sigan alimentando el mito de la ‘demencia senil’.

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El envejecimiento en cifras

Actualmente, se está presentando un cambio en la distribución poblacional, evidenciándose un aumento de la población de adultos mayores, lo cual constituye un fenómeno mundial. En países europeos se calcula que, a fecha de hoy, 1 de cada 5 personas supera los 65 años. Asimismo, se espera que para el año 2050, haya alrededor de 434 millones de personas de 80 años o más (OMS 2018).

Envejecimiento normal y no patológico

La senescencia hace referencia al conjunto de cambios y relaciones en el organismo asociadas al paso del tiempo, o el envejecimiento. Es fundamental tener en cuenta que no todos estos cambios hacen referencia a enfermedad o deterioro; por el contrario, hablamos también de procesos de neuropasticidad que facilitan la compensación en muchas áreas. Dentro de los cambios que se esperan durante el envejecimiento no patológico, encontramos (Da Silva, 2018):

  • El peso del cerebro de las personas mayores es un 8% menor. Se ha hipotetizado que con esta disminución en el peso podría disminuir el funcionamiento cognitivo.
  • Cambios en el lóbulo temporal -memoria-, lóbulos frontales -comportamiento- y tálamo -velocidad de procesamiento-.
  • Incremento en los umbrales de sensibilidad: disminución en la audición y la visión. Además disminuye la capacidad para realizar una adecuada integración multisensorial.
  • A nivel muscular, disminuye la velocidad, fuerza, y se requiere mayor tiempo de calentamiento. Además, se evidencian mayores dificultades en el equilibrio, la marcha y la coordinación.
  • Disminución en la plasticidad cognitiva, por lo tanto, disminución en la capacidad de aprendizaje -memoria-; en el envejecimiento no patológico se evidencia una disminución en la memoria a corto plazo.
  • El lenguaje suele ser una de las áreas que mejor se conserva en procesos de envejecimiento.

Sin embargo, las personas mayores pueden ser plenamente funcionales, ya sea por las capacidades conservadas, o por la compensación en varias áreas. Por lo tanto, este es el primer punto que comienza a rebatir el mito de la ‘demencia senil’, pues aunque pueda darse un deterioro físico, e incluso sensorial -visual o auditivo-, asociado con la edad, estos posibles cambios se relacionan con el proceso natural de envejecimiento -no patológico- y no cumplen los criterios para el diagnóstico de una demencia.

El envejecimiento patológico

El mito de la ‘demencia senil’ surge debido al deterioro cognitivo asociado con el envejecimiento patológico. Esto implica que, dada la prevalencia de la enfermedad de Alzheimer y las otras demencias, socialmente se ha correlacionado automáticamente la vejez con la demencia. Según datos de la OMS, en la vejez, las enfermedades más comunes están relacionadas con trastornos neurocognitivos y demencias (Da Silva, 2018).

Cuando se manifiesta envejecimiento patológico, ya sean demencias, trastornos neurocognitivos o atrofia cerebral, los mecanismos neuronales presentan dificultades para activar los procesos normales de compensación, y por lo tanto, la persona pierde funcionalidad (Cerezo, 2019). Sin embargo, estos procesos patológicos no necesariamente están condicionados con la edad. Aunque suelen presentarse en personas mayores, también pueden identificarse en personas más jóvenes, lo cual contradice el mito de la ‘demencia senil’; ya que se han evidenciado demencias y trastornos neurocognitivos en personas de mediana edad.

Antecedentes del mito de la ‘demencia senil’

En algún momento de la historia, se consideró que la ‘demencia senil’ -y presenil- era una categoría diagnóstica, sin embargo hoy sabemos que es un mito. En un breve repaso por la historia encontramos (Cruz-Jentoft, 2007; Cerezo, 2019):

  • En la Grecia clásica y el antiguo Egipto se creía que la pérdida de la memoria formaba parte del envejecimiento natural. De hecho, Cicerón habla de la ‘debilidad senil’ y, posteriormente, Galeno sugiere que envejecer es, en sí mismo, un proceso patológico. Esta sería una concepción del envejecimiento como enfermedad.
  • A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, la demencia se relacionó con una alteración en la inteligencia y se utilizaban clasificaciones como demencia congénita, demencia esquizofrénica, o pseudodemencia, entre otras. Parece que, en esa época, la edad no era tampoco relevante.
  • A finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI, con los avances en el estudio de la enfermedad de Alzheimer, se recupera el concepto de demencia en los manuales diagnósticos. En el DSM I y II, se incluyó la clasificación de ‘demencia senil’, pero para los siguientes DSM III y DSM IV se suprimió, introduciendo una clasificación de demencias.
  • Finalmente, en la actualidad, el DSM-5 elimina el concepto de demencia, y se refiere a estos como Trastorno Neurocognitivo Menor y Mayor, dependiendo del nivel de afectación y la causa -Alzheimer, Frontotemporal, Pick, Vascular etc.-

El mito de la ‘demencia senil’ debe desaparecer

El adjetivo ‘senil’ asociado a diversas patologías, no solo a demencias, se resiste a desaparecer: En Medline -la base de datos de bibliografía médica más amplia del mundo- aún se encontraban 20 citas con el término ‘demencia senil’ en 2006; frente a 121 referencias que existían hace 20 años. Pero el problema es mucho más grave: aún hoy día, tanto pacientes, familiares, así como medios de comunicación generalistas -y lo que es peor-, muchos profesionales sanitarios, siguen recurriendo al término y el mito de la ‘demencia senil’. Este desconocimiento sustantivo de las características de las enfermedades causantes de demencia resulta profesionalmente inaceptable, y más especialmente teniendo en cuenta los enormes avances en la investigación que se están produciendo en los últimos años. No es admisible que desde el ámbito clínico o sociosanitario se siga alimentando el mito de la ‘demencia senil’, y con ello, perpetuando otra forma más de discriminación hacia las personas mayores por razón de edad.

Más allá de los motivos referenciados, es un error recurrir al mito de la ‘demencia senil’ para explicar los procesos de envejecimiento natural, por varias razones:

  • Aunque la edad y los trastornos neurocognitivos o demencias sí se correlacionan, no puede considerarse la demencia como una consecuencia inevitable de la vejez; esto es rotundamente falso.
  • No existen criterios diagnósticos claros que permitan identificar la sintomatología y las rutas de intervención. En la actualidad sabemos que cada una de las demencias tiene un inicio, curso y sintomatología diferentes.
  • Cuando se incluye la palabra ‘senil’ en un diagnóstico, se crea la falsa creencia que estas enfermedades son inevitables y que no hay nada que se pueda hacer. Adicionalmente, se elimina la posibilidad de pensar en prevenirlas.
  • La senilidad no es una etiología.
  • Etimológicamente, la palabra demencia viene de latín ‘demens’ que significa «privado de la mente». Si usamos el término ‘demencia senil’, más allá de incurriendo en desinformación científica, estaríamos diciendo que las personas mayores están ‘privadas de la mente’, lo cual es altamente peyorativo.

(Cruz-Jentoft, 2007; González, 2008; Cerezo, 2019)

Los peligros de mantener el mito de la ‘demencia senil’

La comunidad de profesionales clínicos y sociosanitarios que rechazamos esta tipificación de los trastornos neurocognitivos, nos preocupamos por algo que va más allá del nombre. Seguir considerando como real el mito de la ‘demencia senil’, puede traer consecuencias devastadoras para el paciente y su familia como (Cruz-Jentoft, 2007; González, 2008):

  • Asumir que por ser una persona mayor debe presentar un deterioro cognitivo, genera un infradiagnóstico y una demora en el tratamiento.
  • Adicionalmente, si se considera como algo natural, asociado a la edad e inevitable, se normaliza el cuadro; cuando sabemos que la atención temprana puede ser crucial en el abordaje de estos trastornos.
  • Cuando un trastorno neurocognitivo no es tratado, la velocidad de deterioro aumenta.
  • Si toda alteración cognitiva en personas mayores se diagnostica como ‘demencia senil’, se ignoran aquellos trastornos reversibles -como el trastorno de Korsakoff-, al punto en el que se pierde la oportunidad de tratamiento, y se convierte en una condición crónica.
  • Respaldar el mito de la demencia senil le niega a los pacientes y a sus familiares y cuidadores, la posibilidad de entender el diagnóstico y hacerse a una idea de su curso. Adicionalmente, niega la posibilidad de desarrollar herramientas de manejo.

Como un dato curioso, la primera paciente descrita por Alois Alzheimer, tenía solo 51 años, cuando se describió un cuadro de alteraciones cognitivas -memoria, lenguaje, etc.- y comportamentales -agresividad, delirios, alucinaciones, etc.-. En este caso se confirmó la ahora llamada enfermedad de Alzheimer, con un estudio histológico postmortem. Solo por poner un ejemplo, en la actualidad, la edad legal de jubilación en España, se sitúa en los 67 años; por lo que a esa paciente le quedarían aún 16 años de vida laboral por delante, antes de retirarse.

¿Cómo es posible que hayan diagnosticado a mi padre con ‘demencia senil’, si es un mito?

Sabemos que la ‘demencia senil’ es un mito, pues no existe una etiología senil, es decir, el envejecimiento natural no produce demencia. Sin embargo, hay personas que afirman que algún familiar ha recibido el diagnóstico de ‘demencia senil’ recientemente.

El Dr. Guillermo García Ribas, reputado neurólogo, responsable del Servicio de Neurología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid y coordinador del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología -SEN-, aclara que el término ‘demencia senil’ se ha utilizado muchas veces -de manera incorrecta e indebida- como sinónimo de la enfermedad de Alzheimer, con el objetivo de evitar emplear el nombre de la enfermedad de Alzheimer (García, 2014).

En consecuencia, el término ‘demencia senil’ no debe ser utilizado, pues es un mito y resulta incorrecto recurrir a una conceptualización errónea que impide identificar la verdadera enfermedad que provoca la demencia. Como bien sostiene el coordinador del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la SEN, si hay una demencia, hay averiguar cuál es, pero no podemos desinformar diciendo que es ‘demencia senil’, para evitar recurrir a la palabra Alzheimer, cuando la ‘demencia senil’ no existe.

Conclusión

Por el bien de los y las pacientes y sus familias, el derecho a un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado, es esencial dejar de alimentar el mito de la ‘demencia senil’, ya sea de forma coloquial, como, por supuesto, por parte del personal médico o sanitario. Este diagnóstico no existe, y por el contrario condena a las personas mayores a ser consideradas como enfermas, por el mero hecho de envejecer. Recordemos que solo se habla de un trastorno, cuando la funcionalidad está afectada, de lo contrario, solamente son cambios cognitivos no patológicos que, por supuesto, no tienen por qué presentarse en todas las personas.

Referencias:

  • Cerezo, K. (2019). Trastornos neurocognitivos en el adulto mayor: Evaluación, diagnóstico y intervención neuropsicológica. Ciudad de México: Manual Moderno.
    Cruz-Jentoft, A. J. (2007). No diga «demencia senil». El médico de Atención primaria ante la demencia. Semergen, 33 (6), 279-281. Recuperado de elsevier.es
  • Da Silva, C. Y. (2018). Neuropsicología del envejecimiento. Ciudad de México: Manual Moderno.
  • García Ribas, G. (4 de junio de 2014). ¿Es lo mismo demencia senil que enfermedad de Alzheimer? – kNOW Alzheimer [Video]. Recuperado de youtube.com
  • González, V. M. (2008). La demencia senil no existe. Compromisos de la Atención Primaria en el diagnóstico y seguimiento de los pacientes con deterioro cognitivo y sus familiares. SEMERGEN – Medicina de Familia, 34(2), 49–51. Recuperado de elsevier.es
  • OMS Organización Mundial de la Salud (2018). Envejecimiento y salud. Recuperado de: who.int
Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.