Perder el deseo sexual hacia tu pareja

Perder el deseo sexual es un fenómeno frecuente que puede responder a factores emocionales, cognitivos, neurofisiológicos y conductuales.

En la pareja, las relaciones sexuales juegan un papel importante, tanto en la manifestación del afecto, como en el fortalecimiento del vínculo. Es por esta razón que, una disminución en el deseo sexual pone a la pareja en riesgo de perder un espacio fundamental para mantener una relación saludable. Conviene mencionar que no se está hablando de un ‘nivel de deseo sexual estándar’, sino del deseo que cada individuo considera adecuado, normal o aceptable. A continuación te mostramos qué dicen algunas investigaciones sobre la pérdida del deseo sexual.

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Determinantes del deseo sexual

Antes de indagar las posibles causas por las que se puede perder el deseo sexual, debemos entender cuáles son los factores que generan la respuesta sexual. La experiencia sexual está mediada por la conjugación de diversos procesos cognitivos, fisiológicos y afectivos. En este sentido, la respuesta sexual se articula por medio de la interacción entre una disposición emocional y cognitiva, junto con la activación neurofisiológica, todo en un contexto de estimulación sexual y afectiva tanto interna como externa (Zubeidat, Ortega y Sierra, 2004).

¿Qué significa perder el deseo sexual?

Nos referimos a un deseo sexual hipoactivo, cuando la persona presenta una disminución y ausencia de fantasías y deseos por mantener algún tipo de actividad sexual. Adicionalmente, esa dificultad debe ser algo persiste o recurrente, para que se considere un problema. Por lo general, genera malestar psicológico y dificultades interpersonales, y no responde a una alteración médica (Sánchez, et al., 2009; de Dios, Duany y Rojas, 2016).

Razones por las que se puede perder el deseo sexual

Si alguna de las áreas mencionadas anteriormente se ve afectada -fisiológica, cognitiva o emocional-, la respuesta sexual se puede ver disminuida. Dentro de las principales causas de la pérdida del deseo sexual se encuentran (Zubeidat, Ortega y Sierra, 2004):

  • Ansiedad
  • Depresión
  • Pensamientos negativos disfuncionales
  • Alteraciones en el control de la ira
  • Dificultades en la expresión emocional
  • Bajas habilidades sociales
  • Ausencia de actitudes sexuales positivas
  • Traumas sexuales o relacionados
  • Educación sexual restrictiva
  • Distorsiones en la imagen corporal
  • Falsas creencias sobre la sexualidad

Factores psicológicos que pueden influir en la pérdida del deseo sexual

Desde la psicología se ha hecho mucho énfasis en los factores psicológicos involucrados en las manifestaciones sexuales. Perder el deseo sexual puede ser ocasionado por múltiples causas, siendo el psicológico uno de los que requiere mayor tiempo de intervención; pero el cual genera un mayor tabú. Se estima que cerca de 52% de las mujeres y el 38.8% de los hombres han presentado algún tipo de disfunción sexual a lo largo de su vida, incluidas la pérdida del deseo sexual (Sánchez, et al., 2009).

Por otro lado, algunas investigaciones sugieren que dentro de los factores relacionados con la posibilidad de perder – o recuperar- el deseo sexual se encuentran (Sánchez, et al., 2009):

  • Intimidad emocional de la relación, y duración de esta
  • La motivación y los incentivos para buscar la respuesta sexual
  • Habilidades sexuales –o ideas frente al desempeño-.
  • Tipo de estimulación
  • Contexto en que se presenta la relación sexual
  • La dinámica de la pareja y problemas conyugales
  • Baja autoestima y autorregulación
  • Machismo –el cual afecta tanto a hombres como a mujeres-

Factores fisiológicos relacionados con el ‘apetito sexual’

Aunque no se considera una alteración médica, los cambios en el organismo pueden relacionarse con perder el deseo sexual. Dentro de estos se encuentran (de Dios, Duany y Rojas, 2016):

  • Climaterio masculino: la pérdida del deseo sexual masculino se relaciona con una disminución en la liberación de testosterona, asociada con la edad. Se relaciona también con la disfunción eréctil.
  • Climaterio femenino: entre los 44 y los 65 años de edad, suele presentarse una disminución en el deseo sexual femenino, relacionado con problemas secundarios a la disminución de estrógenos –como la pérdida de lubricación vaginal-.
  • Lactancia materna: el periodo postparto está marcado por importantes cambios hormonales. Asimismo, en esta etapa suele haber altos índices de fatiga por el cuidado del bebe –aspecto que puede afectar tanto a la madre como al padre-.
  • Fatiga: en el caso específico de las mujeres, el determinante social de género que establece una multiplicidad de tareas –doble o triple jornada-, se asocia con mayores índices de fatiga, tanto física como emocional.
  • Enfermedades crónicas: cualquier alteración orgánica puede estar asociada con perder el deseo sexual, como las enfermedades hepáticas, la insuficiencia renal, la diabetes o trastornos hematológicos.

¿Qué se puede hacer cuando nos enfrentamos a perder el deseo sexual?

Cuando, dentro de la pareja, se debe manejar la disminución en el deseo sexual, existen varias aproximaciones terapéuticas que pueden hacer que esta situación sea más llevadera, se supere, y se fortalezca el vínculo. Dentro de estas se encuentran:

  • Educación sexual integral: Es fundamental que se instruya a la pareja sobre la respuesta sexual, y los cambios que se pueden presentar en esta a lo largo del ciclo vital, y bajo diferencias circunstancias.
  • Intervención de pareja desde sexología: Estos especialistas son los encargados de establecer causas y técnicas adecuadas, que permitan estimular la respuesta sexual. Adicionalmente, es fundamental evaluar el vínculo afectivo y la relación de pareja, y si es necesario, intervenir en ella de forma prioritaria.
  • Inducción del deseo: En casos en los que la pérdida del deseo no está asociada con componentes aversivos, como por ejemplo eventos traumáticos, la intervención se enfoca en favorecer inductores del deseo, es decir, brindar herramientas y estrategias que faciliten la respuesta excitatoria. Dentro de estas se puede utilizar material u objetos eróticos y la potencialización de fantasías sexuales.
  • En casos de larga evolución, la intervención se orienta a generar modificaciones conductuales agradables, que incrementen el nivel de intimidad en la pareja. Asimismo, puede ser necesario utilizar técnicas que ayuden a disminuir el malestar emocional asociado, como la desensibilización sistemática.
  • Abordaje médico: Finalmente, se puede recurrir a un acompañamiento médico, con el fin de determinar qué fármacos puede contribuir con la intervención.

Conclusiones

La pérdida del deseo sexual es algo frecuente, que puede ocurrir en cualquier momento en las relaciones de pareja. Se considera algo normal, cuando no se asocia a trastornos psicológicos u orgánicos de base. Sin embargo, cuando genera malestar, es necesario a acudir a especialistas que brindarán estrategias para la pareja; tanto a nivel del comportamiento erótico, como en las demás dimensiones.

Referencias:

  • De Dios, E., Duany, A., y Rojas, L. (2016). Trastorno de deseo sexual hipoactivo femenino y masculino. Revista Sexología y Sociedad, 22 (2), 166-187. Recuperado de: www.revsexologiaysociedad.sld.cu
  • Sánchez, C., Patricia, N., Blum, B., y Carreño, J. (2009). Perfil de la relación de factores psicológicos del deseo sexual hipoactivo femenino y masculino. Salud Mental, 32, (1), 43-51. Recuperado de: www.medigraphic.com
  • Zubeidat, I., Ortega, V., y Sierra, J. C. (2004). Evaluación de algunos factores determinantes del deseo sexual: Estado emocional, actitudes sexuales y fantasias sexuales. Análisis y modificación de conducta, 30 (129), 105-128. Recuperado de: dialnet.unirioja.es
Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.