Pesadillas en adultos ¿Qué casos son patológicos?

Las pesadillas en adultos pueden ser una fuente de malestar significativo, constituyendo, en algunos casos, un indicador de problemas de interés clínico.

Las pesadillas son una parasomnia frecuente en niños, niñas y adolescentes, con tendencia a desaparecer con el tiempo, como parte del proceso normal de maduración (Miró, Martínez, 2004). No obstante, este tipo de sueños angustiosos también pueden presentarse en etapas posteriores de la vida; siendo el resultado de diversos eventos estresantes, o bien, manifestándose como una expresión más de otros trastornos psicológicos. Debido a esto, las pesadillas en adultos son un tema de gran interés para la psicología clínica y experimental; considerando también, que su presencia pude ser una fuente de malestar significativo por sí misma; además de constituir un indicador potencial de problemas clínicos más severos.

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¿Qué son las pesadillas?

Las pesadillas son sueños caracterizados por emociones negativas intensas; frente a los cuales, es frecuente despertar abruptamente sintiendo aún dichas sensaciones. El sentimiento más común en estos sueños es el miedo, pero también se puede experimentar ira, tristeza o desagrado (Matsumoto, 2009).

Para la psicología clínica, las pesadillas son un tipo de parasomnia, es decir, una alteración caracterizada por comportamientos anormales durante el sueño. Estas se distinguen por despertares constantes y repentinos provocados por sueños extremadamente terroríficos y prolongados, los cuales dejan recuerdos vívidos. Dichos sueños suelen estar relacionados con amenazas a la supervivencia, seguridad o autoestima. Para que estos sean considerados una patología por sí misma, deben provocar malestar significativo o afectar la vida social o laboral de quien las padece (American Psychiatric Association, 2013).

Las pesadillas en adultos pueden distinguirse de los malos sueños, ya que estos últimos no conducen a despertares repentinos y son descritos como sueños negativos o perturbadores (Zadra, Donderi, 2000).

El estudio de las pesadillas en el ámbito clínico distingue dos tipos: pesadillas postraumáticas, las cuales ocurren tras un evento estresante y suelen ser síntoma de un trastorno de estrés postraumático; y pesadillas idiopáticas, las cuales son causadas por factores cotidianos o están asociadas a otra afección psicológica (Rimsh, Pietrowsky, 2020).  

¿Por qué se presentan las pesadillas en adultos?

Como ya se ha comentado, las pesadillas en niños, niñas y adolescentes son manifestaciones clínicas comunes provocadas por estrés psicosocial; mismas que suelen desaparecer por sí solas, o mutar en otro tipo de trastornos con la edad (Miró, Martínez, 2004). No obstante, los trabajos de investigación en torno a este fenómeno han dado lugar a diferentes teorías sobre las causas de las pesadillas tanto en adultos como en menores.

La función adaptativa de las pesadillas

En primer lugar, es necesario destacar que, aunque muchas personas suelen reportar eventos emocionalmente intensos que pueden contribuir al desarrollo de problemas del sueño, una gran parte de los casos de pesadillas no tienen un origen ‘traumático’. Por el contrario, se relacionan con eventos estresantes cotidianos, tales como una separación sentimental, un cambio abrupto en la rutina, el inicio de un nuevo empleo o una evaluación académica próxima (Miró, Martínez, 2004; Mayo Clinic, 2021).

Para algunos autores y autoras, las pesadillas en los adultos son un mecanismo de afrontamiento ante situaciones estresantes en dónde las dificultades diarias son incorporadas al sueño para elaborarlas. En este sentido, las pesadillas reducirían el impacto de los distintos estresores a través de un proceso de exposición repetida. De igual forma, proporcionarían un entorno realista, pero seguro, para explorar soluciones potenciales y practicarlas antes de afrontar dichos problemas en el momento de la vigilia (Miró, Martinez, 2004).

Factores circunstanciales y farmacológicos tras las pesadillas en adultos

El padecimiento de pesadillas también puede estar causado por factores circunstanciales o hábitos inapropiados. Un ejemplo de ello son los cambios constantes e inconsistentes en el horario de sueño, que pueden ocasionar periodos prolongados sin dormir. Además, la ingesta excesiva de alimentos o los alimentos de difícil digestión antes de acostarse pueden contribuir a la formación de sueños angustiosos o desagradables. De igual manera, se ha identificado que algunas personas pueden padecer pesadillas cuando se exponen a contenido de ficción aterrador, como libros, películas o series de terror (Mayo, Clinic, 2021).

Por otro lado, existen estudios que han identificado ciertas sustancias que favorecen o inducen la aparición de pesadillas. En este sentido, las sustancias sedativas-hipnóticas, bloqueadores beta y anfetaminas son los fármacos más asociados con la generación de este tipo de sueños (Thompson, Reid, 1999); además de otros agentes con acción adrenérgica, aminérgica y dopaminérgica (Pagel, Helfer, 2003). Esto implica que algunos medicamentos antidepresivos para el control de la presión -tensión arterial- y el tratamiento de Parkinson, se encuentran asociados a esta parasomnia. Además, se ha detectado que el abuso de alcohol y algunas otras drogas recreacionales pueden favorecer que muchos adultos padezcan pesadillas (Mayo Clinic, 2021).

Predisposición psicológica al padecimiento de pesadillas

Algunos investigadores e investigadoras han señalado que ciertos adultos son más sensibles a las pesadillas, debido algún tipo de hipersensibilidad a la actividad emocional. Esto quiere decir que las personas que sufren pesadillas de manera constante, usualmente tendrían problemas para regular de manera efectiva sus emociones (Hartmann, citado por Miró, Martínez, 2004).

Asimismo, se ha teorizado que las pesadillas se relacionan con ciertos estilos cognitivos como la propensión a la fantasía o la disforia; los cuales llevarían a ciertos individuos a centrarse en los estímulos emocionales negativos y en las amenazas que les rodean. De esta forma, el impacto que las pesadillas tienen en la vida y la sensación de bienestar de los individuos, dependería de la interpretación que cada individuo hace de sus sueños, y no de la naturaleza o intensidad del contenido de las pesadillas (Levin, Fireman, 2002).

Pesadillas en adultos y patología

Como ya se ha aclarado, las pesadillas pueden llegar a ser reconocidas como un tipo de trastorno mental por sí mismas, cuyo diagnóstico puede ser establecido bajo ciertos criterios (Krakow, Zadra, 2006). Estas deben ser frecuentes, sin ser el producto de algún factor externo como el consumo de sustancias o la deprivación del sueño voluntaria. Además, deben causar una sensación de malestar significativo durante el día, así como obstaculizar el desempeño óptimo de las actividades académicas y laborales diarias (American Psychiatric Association, 2013; Mayo Clinic, 2021).   

Es importante destacar que las pesadillas frecuentes se encuentran asociadas a muchos tipos de alteración psicológica (Levin, Fireman, 2002). Entre los trastornos mentales más destacados en este sentido se encuentran los siguientes:

  • Trastorno por estrés postraumático (pesadillas postraumáticas)
  • Trastornos del estado de ánimo
  • Ansiedad
  • Insomnio
  • Trastorno esquizotípico de la personalidad
  • Trastorno límite de la personalidad
  • Esquizofrenia

(Belicki, 1992; Miró, Martínez, 2004; Zadra, Donderi, 2000; Rimsh, Pietrowsky, 2020).

Cabe señalar que, aunque las pesadillas se encuentren asociadas a diversas afecciones psicológicas, muchas personas que las sufren no presentan signos de psicopatología (Krakow, Zadra, 2006). Por tal motivo, es prudente no inferir una relación directa entre este fenómeno y cualquier otro padecimiento, sin que un experto o experta realice un diagnóstico adecuado.

Complicaciones de las pesadillas en los adultos

Aunque en muchos casos las pesadillas son un fenómeno relativamente normal cuando se presentan de forma ocasional; estas pueden transformarse en un problema importante en el momento en que su frecuencia o intensidad afecta de manera negativa el bienestar de las mujeres y hombres que las padecen. Algunas de las complicaciones más comunes que puede comportar esta parasomnia, son las siguientes:

  • Sentimientos de ansiedad e indefensión.
  • Temor a dormirse y la puesta en práctica de conductas para evitar dicha actividad.
  • Preocupación por la propia salud mental.
  • Insomnio provocado por el miedo a dormir.
  • Problemas para concentrarse o recordar las cosas.
  • Estado de fatiga constante debida a la deprivación del sueño.
  • Dificultad para desempeñarse de forma adecuada en la escuela o trabajo.
  • Estado de ánimo irritable.
  • Predisposición a desarrollar algún tipo de trastorno del ánimo o ansiedad.
  • Conductas autodestructivas.

(Belicki, 1992; Abramovitch, 1995; Mayo Clinic, 2021).

Considerando todo esto, es muy importante que las y los adultos que vean afectada su vida cotidiana por las pesadillas, busquen la ayuda de profesionales de la psicología para recibir una atención especializada y basada en la evidencia científica.

Referencias:

  • Abramovitch, H. (1995) The nightmare of returning home: A case of acute onset nightmare disorder treated by lucid dreaming. Israelite Journal of Psychiatry and Related Sciences, volumen (32), número (2) pp. 140-145. academia.edu
  • American Psychiatric Association (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. DSM-V. Masson, Barcelona.
  • Belicki, K. (1992) Nightmare frequency versus nightmare distress: relations to psychopatology and cognitive style. Journal of Abnormal Psychology, volumen (101), pp. 592-597. researchgate.net
  • Krakow, B., Zadra, A. (2006) Clinical Management of Chronic Nightmares: Imagery Rehearsal Therapy. Behavioral Sleep Medicine, volumen (4), número (1), pp. 45–7. researchgate.net
  • Levin, R., Fireman, G. (2002) Nightmare Prevalence, Nightmare Distress, and Self-Reported Psychological Disturbance. Sleep, volumen (25), número (2). researchgate.net
  • Matsumoto, D. (Ed.) (2009) The Cambridge Dictionary of Psychology. Cambridge University Press.
  • Mayo Clinic (2021) Nightmare Disorder. MayoClinic.org. mayoclinic.org
  • Miró, E., Martínez, P. (2004) Tratamientos psicológicos de las pesadillas: Una revisión. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, volumen (4), número (1), pp. 11-36. dialnet.unirioja.es
  • Pagel, J.F., y Helfter, P. (2003) Drug induced nightmares: An etiology based review. Human Psychopharmacoly, volumen (18), pp. 59-67. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
  • Rimsh, A., Pietrowsky, R. (2020) Dreams in anxiety disorders and anxiety. International Journal of Dream Research, volumen (13), número (1). journals.ub.uni-heidelberg.de
  • Thompson, D., Reid, D. (1999) Drug-Induced Nightmares. The Annals of Pharmacotherapy, volumen (33), número (1). researchgate.net
  • Zadra, A., Donderi, D. (2000) Nightmares and bad dreams: their prevalence and relationship to weel-being. Journal of Abnormal Psychology, volumen (109), número (2), pp. 273-281. researchgate.net
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.