Principio de autoridad, qué es y ejemplos

El principio de autoridad alude a la capacidad de influencia que ejercen las personas aparentemente reputadas en las opiniones y decisiones de las demás.

Por lo general, en la infancia se nos enseña que debemos acatar las instrucciones de nuestro padre o madre, docentes o doctores, entre otros. En la adultez, este aprendizaje se modifica, no tanto para obedecer, sino que se manifiesta en la influencia que ejercen ciertas personas en las que percibimos algún tipo de autoridad; muy especialmente a la hora de tomar decisiones. A continuación, te explicamos en qué consiste el principio de autoridad.

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La persuasión

Varias ramas de la ciencia han definido el principio de autoridad y han desarrollado amplias investigaciones al respecto. Una de las áreas que además de estudiarlo lo ha usado para influir en nuestra toma de decisiones es la psicología -específicamente la psicología del consumo de la mano de la publicidad y el Marketing-. Con base en el principio de autoridad -y otros principios relacionados-, se han desarrollado estrategias que pretenden influir o directamente cambiar las actitudes, percepciones o comportamientos de una persona (Kaptein, et al, 2009).

¿Qué es el principio de autoridad?

El principio de autoridad es un fenómeno psicosocial que hace referencia a la influencia que ejerce en la toma de decisiones o el comportamiento de determinada persona o grupo, los discursos, las posturas o las informaciones provenientes de una persona o entidad reputada, conocida o con autoridad en la materia. De este modo, las personas suelen sentirse más inclinadas a seguir o predisponerse a creer o hacer lo que sugiere esta persona (Cialdini, 2001; Kaptein, et al, 2009).

La persona mirando al cielo

Existe un experimento clásico, en el que una persona se detiene a mirar el cielo en un lugar concurrido, y espera. Por lo general, poco a poco se van acercando más y más personas a mirar también el cielo, probablemente intentando descubrir qué están mirando. En el año 1955, en la universidad de Texas, el equipo de investigación compuesto por Monroe Lefkowitz, Robert Blake y Jane Mouton, descubrió que el número de peatones que se unía al hombre mirando al cielo, se incrementó en un 350%, cuando en lugar de usar ropa casual, utilizó un traje con corbata (Cialdini, 2001).

Quienes son las figuras de autoridad

La autoridad es un constructo que varía de una cultura a otra; sin embargo, en general, podríamos afirmar que cualquier persona puede tener un rango de autoridad o poder frente a otra, pues se considera que la autoridad puede ser un estatus adquirido por medio de educación, experiencia, talento, etc. (Cialdini, 2001; citado por Ming y Kellaris, 2006).

Por ejemplo, en los lugares de trabajo, los jefes o jefas adquieren el estatus de autoridad frente a sus empleados, mientras que en casa, la autoridad recae habitualmente sobre los padres y madres. Asimismo, organizaciones como la policía y el ejército reciben el estatus de autoridad frente al resto de la ciudadanía (Ming y Kellaris, 2006).

Ejemplos del principio de autoridad

En la vida cotidiana, se ha encontrado numerosos ejemplos de la influencia del llamando principio de autoridad, en las decisiones individuales y colectivas (Cialdini, 2001; Kaptein, et al, 2009):

  • Titulación académica o status profesional: Las personas siguen con mayor frecuencia una recomendación médica, en comparación con aquellas que provienen de enfermería, de un conocido o familiar.
  • Docentes, personas expertas: Asimismo, cuando se trata de información o de conocimientos, tendemos a creer que es más probable que docentes, o expertos en determinado tema, nos digan la verdad. De ahí que, las grandes compañías recurran a expertos para anunciar sus productos. Existen una mayor predisposición a creer; aunque es obvio que esa persona está cobrando por realizar esas afirmaciones, por lo que la declaración no conlleva garantía de veracidad.
  • Personas famosas y celebridades: Esto también sucede con personas conocidas, como periodistas, actores o actrices, deportistas personas famosas, etc. Esta es la razón, por la que muchos de los productos que consumimos, son publicitados por estas caras e incluso voces conocidas.
  • La edad, la madurez y la experiencia: Adicionalmente, parece que la edad y la experiencia de quien ofrece la información también tienen una amplia influencia en el principio de autoridad; teniendo una relación directamente proporcional.
  • La evocación del principio de autoridad: El principio de autoridad también se aplica indirectamente; lo vemos en comerciales cuando realizan afirmaciones del tipo “4 de cada 5 doctores lo recomienda”, “científicamente probado”, “el más recomendado por los clientes, etc.

Efectividad del principio de autoridad: Susceptibilidad a la persuasión

A pesar de que varias investigaciones han demostrado que el principio de autoridad puede tener una amplia influencia en la toma de decisiones y el comportamiento, esta depende de la susceptibilidad a la persuasión. En definitiva, existen personas más susceptibles a ser persuadidas que otras, lo cual depende de múltiples variables personales, culturales y sociodemográficas (Kaptein, et al, 2009).

Controversias relacionadas con el principio de autoridad

Aunque no es negativo creer y aceptar consejos de autoridades en ciertos temas, por ejemplo cuando seguimos la recomendación de nuestro médico o médica; existe cierto riesgo que seamos persuadidos por afirmaciones falsas, realizadas por personas que, aunque aparentemente tienen autoridad sobre el tema, no cuentan con el conocimiento o las habilidades necesarias (Cialdini, 2001).

Por ejemplo, en los años 70, se lanzó una campaña en la que el actor Robert Young, promocionaba el café descafeinado, afirmando que este tenía amplios beneficios para la salud. El problema está en que solo se percibía como una autoridad en el tema, debido a que en esta época interpretaba a un médico en un programa de televisión. En realidad, Young no tenía ningún conocimiento real en medicina para hacer tales afirmaciones (Cialdini, 2001).

Por otro lado, la hiperespecialización profesional que puede llegar a alcanzarse, genera un conocimiento experto y muy vertical en determinado ámbito, pudiendo sesgar la concepción de autoridad por la generalización de su autoridad a otros ámbitos. Esto se relaciona con un fenómeno conocido como la alfabetización informacional, así como por la falta de adopción de una postura crítica. Ante el ejemplo: “Un catedrático afirma que los extraterrestres nos visitan desde hace años“, no sería lo mismo que fuera un catedrático en astrofísica, especializado en exobiología; que un catedrático en derecho civil. Sin embargo, por el funcionamiento de los mecanismos atenciones y de memoria -los heurísticos-, es frecuente que nos quedemos con que “un catedrático afirmó tal cosa”, obviando o ignorando que un catedrático en determinada materia, tiene un conocimiento altamente especializado, pero puede ignorar por completo el funcionamiento de otros ámbitos.

De hecho, eso sucedería incluso dentro de la misma disciplina; pues una persona aún siendo médica, puede no tener habilitación, capacitación o competencias específicas fuera de su especialidad clínica.

Otra de las dificultades que supone el principio de autoridad, se refiere a la influencia que tiene sobre las investigaciones científicas. Debido al carácter de autoridad que tienen los investigadores, sin proponérselo, pueden generar conductas en los sujetos experimentales, que en principio, no harían en condiciones normales; esto desencadenaría un sesgo en los resultados.

El principio de autoridad puede ser peligroso

En el controvertido experimento realizado por Milgram (1963), se le ordenaba al participante que administrara descargas eléctricas a otra persona -quien era un actor-; en el contexto de un experimento de aprendizaje –se castigaban las respuestas incorrectas-. El castigo se administraba por medio de una consola con 30 botones que estaban graduados desde ‘Sock leve’ hasta ‘Peligro: Shock severo’. Lo que se puede observar en este experimento es que, aunque la mayoría de los participantes manifestaban claros síntomas de malestar al tener que administrar la descarga eléctrica, muchos seguían haciéndolo como obediencia ante el experimentador.

Este experimento arrojó dos resultados inesperados (Milgram, 1963):

  • Inicialmente, los experimentadores se sorprendieron al encontrar que la fuerza de la obediencia y la influencia del principio de autoridad fue superior a las creencias de los participantes. Aunque tradicionalmente se ha enseñado a no lastimar a los otros, bajo determinada autoridad, las personas lo hacen.
  • El segundo efecto no esperado, fue la tensión que se generó en los participantes. Aunque se esperaría que ante el malestar los participantes abandonaran el experimento, muchos de ellos continuaron obedeciendo a las indicaciones del experimentador, a pesar del malestar.

¿Cómo evitar el sesgo por el principio de autoridad?

Algunas recomendaciones que pueden ser útiles al momento de tomar una decisión, cuando nos vemos frente al principio de autoridad u otras formas de persuasión, incluyen:

  • Verificar la fuente: En esta época, en la que parecen tener más autoridad pseudocientificos e ‘influencers’ que los profesionales y especialistas; es recomendable verificar qué formación tiene la persona que te está haciendo una recomendación -y su grado de especialización-.
  • Múltiples opiniones: No importa si quien ha hecho la recomendación tiene un amplio conocimiento y experticia en el tema; consultar varias fuentes puede ser muy útil al momento de tomar una decisión.
  • Pensamiento crítico: como decían las abuelas “ante la duda, abstente”; si sientes que la recomendación o incluso la orden no es acorde con tus principios, o que puede ir en contra de tu bienestar, o el de otros, está bien ser crítico y buscar una alternativa.

Conclusión

El principio de autoridad es una forma de persuasión que se basa en la autoridad, poder, conocimiento, jerarquía o status que posee una persona. Esto influye sobre nuestra percepción e interfiere en la toma de decisiones. Sin embargo, tiene riesgos asociados como el caer en recomendaciones falsas, o el obedecer hasta ir en contra de nuestros propios principios.

Referencias:

  • Cialdini, R. (2001). The Science of Persuasion. Scientific American, a división of Nature America, Inc, 284 (2), 76-81. Recuperado de: jstor.org
    Kaptein, M., Markopoulos, P., de Ruyter, B., & Aarts, E. (2009). Can You Be Persuaded? Individual Differences in Susceptibility to Persuasion. Lecture Notes in Computer Science, 115–118. doi:10.1007/978-3-642-03655-2_13
  • Milgram, S. (1963). Behavioral Study of Obedience. Journal of Amnormal and Social Psychology, 67, 371-378. Recuperado de: demenzemedicinagenerale.net
  • Jung, J. M., & Kellaris, J. J. (2006). Responsiveness to authority appeals among young French and American consumers. Journal of Business Research, 59(6), 735–744. doi:10.1016/j.jbusres.2006.01.011
Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.