Disonancia cognitiva, qué es, aplicaciones y críticas

La disonancia cognitiva se define como la tensión generada por conflictos entre cogniciones, o la inconsistencia entre las creencias y el comportamiento.

Las personas suelen basar sus acciones en esquemas personales de principios, valores y creencias. No obstante, no siempre es posible o conveniente ser fieles a las propias ideas. Es muy común que dos pensamientos o tendencias de naturaleza contraria se vean confrontadas antes de tomar una decisión. Lo que puede significar un conflicto entre las propias convicciones y la conducta ejecutada. La teoría de la disonancia cognitiva intenta explicar la forma en que un sujeto es capaz de conciliar sus ideas y sus acciones, cuando existe una clara incoherencia entre lo que se piensa y lo que se hace.

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¿Qué es la disonancia cognitiva que teorizó Festinger?

La disonancia cognitiva es una teoría desarrollada por el psicólogo social Leon Festinger en la década de los 50. Según este planteamiento, cuando un individuo sostiene dos o más cogniciones -ideas, creencias, valores- que son contrarias entre sí, experimenta un estado psicológico de incomodidad. A dicho sentimiento se le identifica como ‘disonancia’. Cuando esto ocurre, la persona se vería motivada a reducir la inconsistencia entre las cogniciones en conflicto; sosteniendo, habitualmente, la tendencia más resistente a cambiar (Harmon, Harmon, 2007).

Para reducir la disonancia cognitiva, el individuo debe cambiar una de las cogniciones o generar una nueva, con el fin de adecuar su actitud a sus acciones, defender sus creencias o incluso autoengañarse (Amaro, 2019).

En el caso de una persona sin hogar nos pida una ayuda -comida, algo de dinero, etc-, el sujeto suele enfrentarse a la disonancia cognitiva, que puede recurrir a diferentes estrategias:

  • Cambiar las cogniciones -creencias, principios, valores- que entran en conflicto con su comportamiento: “Soy buena persona y ayudo a los demás, pero debo ayudar primero a mis allegados, antes que a personas desconocidas”.
  • Cambiar su comportamiento para que coincida con la cognición: “No iba a ayudarle, pero tengo que darle comida, si no, sé que voy a sentirme muy mala persona”.
  • Agregar cogniciones consonantes con respecto a la conducta que genera disonancia cognitiva: “Aunque soy una buena persona, no le voy a ayudar, pues seguro que se gastará el dinero en drogas o alcohol”.
  • Minimizar la inconsistencia: “Yo tengo mis propios problemas y aunque soy buena persona, si ayudo todo el mundo, yo sería pobre”.
  • Negar su responsabilidad: “Yo no tengo la culpa de que esa persona no tenga hogar, la culpa es exclusivamente suya, o del gobierno”.

(Amaro, 2019).

La teoría de la disonancia cognitiva en acción

Un ejemplo de disonancia cognitiva puede ser el de una persona, regularmente compasiva, que ve como un grupo agrede físicamente a su vecino. Sus valores le dicen que debe actuar en la defensa del otro, pero el miedo y su instinto de supervivencia le impiden actuar.

Según esta teoría, el sujeto tiene varias alternativas de acción para reducir la disonancia:

  • Decidirse a actuar para estar en sincronía con sus principios.
  • Pensar en el valor que esta persona en particular tiene para él o ella, con el fin de impulsarse a intervenir.
  • Imaginar que la persona agredida tal vez se lo merece, y así justificar la inacción.
  • Argumentar consigo mismo que se es responsable de otras personas y el riesgo de inmiscuirse no solo recaería sobre él o ella, y no actuar.
  • Pensar que nadie en su situación se arriesgaría y no intervenir.
  • O decirse que, a final de cuentas, no es su problema, justificando el alejarse sin hacer nada.

La teoría de la disonancia cognitiva es frecuentemente aplicada para explicar comportamientos adictivos y malos hábitos. Por ejemplo, una persona sabe que fumar ocasiona una gran variedad de efectos nocivos en su cuerpo, sin embargo, continúa haciéndolo. Para justificar este comportamiento, pone en juego estrategias como:

  • Minimizar la importancia de los hechos, argumentando que muchas personas fuman y no están enfermas.
  • Aumentar cogniciones que soporten su hábito, como pensar que fumar es un placer que se ha ganado.
  • Minimizar la relevancia de su conducta, alegando que realmente no fuma tanto como para enfermarse o como lo hacen otras personas -que aún siguen vivas-.

Críticas a la teoría

Desde su formulación, la postura de la disonancia cognitiva ha recibido algunas críticas. Se ha cuestionado tanto a sus principios teóricos, como los metodológicos. Entre los argumentos más importantes en este sentido se encuentran los siguientes:

  • Su conceptualización resulta vaga; por lo que su aplicabilidad a distintos escenarios, es el resultado de esta falta de claridad, y no de una validez universal.
  • Solo sería aceptable si se pudiera prescindir sistemáticamente de la estructura sociocultural, y se considerara al ser humano como una creatura exclusivamente racional.
  • Tiene escaso rigor metodológico y procedimientos experimentales débiles.
  • Los fenómenos que explica pueden ser explicados de otras formas.
  • Su carácter psicosociológico es dudoso, considerándola muy conservadora al preocuparse más de la transformación mental de las personas que de la transformación de la realidad. Por lo tanto, invita a los individuos a cambiar ellas mismas antes que cambiar su entorno.
  • Se erige como una explicación exclusiva y autosuficiente.

(Ovejero, 1993).

Revisiones teóricas

A lo largo de los años, la teoría original de la disonancia cognitiva de Festinger ha sido objeto de distintas revisiones y reformulaciones. Esto, debido a que algunos investigadores han tratado de explicar el fenómeno de disonancia cognitiva a partir de motivaciones distintas. Entre los planteamientos más destacados se encuentran los siguientes:

  • Autoconsistencia: Propone que el estado de disonancia no se manifiesta como resultado de la incompatibilidad entre cogniciones, sino cuando una persona actúa de forma inconsistente a la noción que tiene de ella misma, es decir, en contra de su autoconcepto.
  • Autoafirmación: Afirma que las personas no actúan motivadas por un conflicto de ideas, sino para conservar la integridad de sí mismas, reafirmando su autoimagen.
  • Nueva perspectiva: Declara que la disonancia no se relaciona directamente con una contradicción cognitiva, sino que esta se produce como un deseo de evitar consecuencias aversivas.

(Harmon, Harmon, 2007).

Aplicaciones de la disonancia cognitiva

A pesar de las críticas y reinterpretaciones que ha experimentado esta teoría, los principios de la disonancia cognitiva se siguen aplicando en numerosos trabajos de investigación e intervención terapéutica. Entre las aplicaciones más frecuentes se encuentran:

  • Investigación y tratamiento de adicciones.
  • Trastornos de alimentación.
  • Apego a tratamientos médicos.
  • Tratamiento de síntomas depresivos.
  • Estudio de decisiones éticas y morales.
  • Uso excesivo de tecnología.
  • Investigaciones sobre estereotipos y actitudes racistas.
  • Estudio del pensamiento del consumidor y marketing.
  • Investigaciones sobre comportamiento electoral.

(Rosero, Montalvo, 2015; Binghamton University, 2017; Santoncinia, 2018; Amaro, 2019; Sánchez, López, 2019; Marikyan, Papagiannidis, Alamanos, 2020).

Gran parte de estos trabajos aún consideran los principios originales de Festinger como el centro teórico de sus aproximaciones; sin embargo, también es común que estas incluyan aspectos de otros enfoques y de actualizaciones teorícas al interpretar sus resultados.

El valor actual de la teoría de la disonancia cognitiva

Como se ha podido observar, la teoría de la disonancia cognitiva es un planteamiento con una fuerte presencia en el ámbito de la investigación. Nacida en el ámbito de la psicología social, esta dimensión teórica ha migrado a campos más especializados y prácticos como la psicoterapia, la salud mental y la psicología del consumo. Aunque muchos de sus planteamientos han sido adoptados de forma acrítica, parcializando la validez de los resultados obtenidos, es posible afirmar que su valor e influencia como postulado teórico es incuestionable. Al final, es posible afirmar que esta teoría se ha transformado en una herramienta de estudio muy valiosa, que permite entender procesos complejos como la toma de decisiones o la motivación, bajó un punto de vista racional y concreto.

Referencias:

  • Amaro, M. (2019) Desarrollo de una escala para evaluar Disonancia Cognitiva entre Conocimientos y Comportamientos Alimentarios. Universidad Autónoma de Puebla. Recuperado de: repositorioinstitucional.buap.mx
  • Binghamton University (2017). New framework could help online addicts reduce their usage. ScienceDaily. Recuperado de: www.sciencedaily.com
  • Harmon, E., Harmon, C. (2007) Cognitive Dissonance Theory After 50 Years of Development. Zeitschrift für Sozialpsychologie. volumen (38), número (1). pp. 7-16. Recuperado de: econtent.hogrefe.com
  • Marikyan, D., Papagiannidis, S., Alamanos, E. (2020) Cognitive Dissonance in Technology Adoption: A Study of Smart Home Users. Information Systems Frontiers. Recuperado de: link.springer.com
  • Ovejero, A. (1993) Leon festinger y la psicologia social experimental: la teoria de la disonancia cognoscitiva 35 años después. Psicothema, volumen (5), número (1), pp. 185-199. Recuperado de: www.redalyc.org
  • Rosero, C., Montalvo, H. (2015) La disonancia cognitiva como factor motivador en las decisiones del consumidor: caso smartphones. Retos, Volumen (5), número (10), pp. 117-192. Recuperado de: retos.ups.edu.ec
  • Sánchez, R., López, J. (2019) Estereotipos raciales que perduran: ciencia, divulgación y disonancia cognitiva. Revista Española de Educación Física y Deportes, número (426), pp. 321-328. Recuperado de: www.reefd.es
  • Santoncinia, C., De León, C., Rivera, J., Bojorquez, I., Méndez, E. (2018) Dissonance-based Program for Eating Disorders Prevention in Mexican University Students. Psychosocial Intervention, volumen (28), número (1), pp. 29-35. Recuperado de: journals.copmadrid.org
R. Mauricio Sánchez
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.