Sistema límbico, partes, emociones y memoria

El sistema límbico es un conjunto de estructuras cerebrales que producen respuestas emocionales ante ciertos estímulos del ambiente.

El sistema límbico es la asociación de varias estructuras subcorticales, que trabajan coordinadas para regular las emociones, y otras funciones básicas del organismo, como la memoria.

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La importancia del sistema límbico en los seres humanos

Para empezar, en los seres humanos, el amplio espectro de las emociones tiene un gran impacto sobre el comportamiento. Por lo tanto, es así como las emociones influyen sobre conductas complejas como el aprendizaje y la motivación, y cómo su desbalance se asocia con los trastornos mentales más devastadores, como la depresión o la esquizofrenia (López, et al, 2009).

Adicionalmente, se sabe que este sistema está relacionado con conductas fundamentales para la supervivencia del individuo y su especie (Clarck, Boutros, Mendez, 2012)

El sistema límbico y las respuestas emocionales

Los seres humanos presentamos una gran variedad de respuestas a las emociones básicas, como alegría, tristeza, miedo, ira, etc. Todas las emociones se pueden manifestar de dos formas: una respuesta motora visceral y una motora somática. Para que las personas podamos percibir, integrar, entender y manifestar las diversas emociones, es fundamental que diversos núcleos cerebrales interactúen entre sí (López, et al, 2009).

Los estímulos emocionales se procesan en el sistema límbico en conjunción con la corteza frontal, integrando funciones cerebrales complejas, como la toma de decisiones, la interpretación y expresión de comportamientos sociales, y los juicios morales (López, et al, 2009).

El sistema límbico y la memoria

La formación hipocampal es la estructura principalmente involucrada en el aprendizaje de información declarativa -hechos, experiencias e información-. Esta estructura retendrá la información por algunas semanas o meses, antes que se consolide en la corteza. Una de las hipótesis de su funcionamiento se relaciona con el llamado ‘mapa cognitivo’ y se cree que es una respuesta evolutiva que permitía a nuestros antepasados llegar a casa. De este modo, se mantiene una comparación permanente entre un mapa del mundo -ubicación espacial- y un mapa egocéntrico -ubicación del cuerpo en el espacio-, ubicado en la corteza parietal (Clarck, Boutros, Mendez, 2012).

Hipocampo

Ubicado en el interior del lóbulo temporal. Dentro de sus funciones principales se encuentran la retención de información en la memoria a corto plazo y la consolidación de la memoria declarativa o explícita – conocimiento o recuerdo de hechos- (Kiernan, 2014).

Los axones de las células piramidales se acumulan para formar las fimbrias del fornix, las cuales se proyectan al área septal y al hipotálamo, permitiendo una comunicación en ambos sentidos entre el hipocampo y el hipotálamo (Clarck, Boutros, Mendez, 2012).

Amígdala cerebral

Está ubicada por encima y por delante de la punta del asta inferior del ventrículo lateral. Esta estructura se encarga de controlar las emociones principales como la tristeza y el miedo; adicionalmente, tiene un rol fundamental en los procesos de aprendizaje de conductas emocionales (Saavedra, et. al, 2015).

Adicionalmente, es especialmente sensible a estímulos de carácter social, relacionándolos con emociones aprendidas previamente –gracias a su estrecha relación con el hipocampo-. Asimismo, aunque antes se pensaba que su funcionamiento estaba relacionado específicamente con el miedo y la ansiedad, en la actualidad se sabe que tiene una participación activa en todas las emociones, y en los juicios realizados al conocer a una persona nueva, con base en el reconocimiento de las expresiones faciales (Clarck, Boutros, Mendez, 2012)

Núcleo accumbens

Este conglomerado de cuerpos neuronales ha sido ampliamente estudiado, debido a su participación en varios procesos, como el apego, el placer, el sistema de recompensa y las adicciones (Saavedra, et. al, 2015).

Adicionalmente, en conjunción con la amígdala y el hipocampo, favorece el aprendizaje de respuestas emocionales basadas en la experiencia (Clarck, Boutros, Mendez, 2012).

Corteza frontal y orbitofrontal

Finalmente, aunque no es específicamente una parte del sistema límbico, las conexiones entre la corteza prefrontal y las circunvolución cingulada, facilitan el reconocimiento de la emoción. Igualmente, las proyecciones sensoriales multimodales del lóbulo frontal y temporal, hacia la amígdala, permiten la llegada de información del mundo exterior a esta última, en donde se realizan juicios emocionales basados en la experiencia (Clarck, Boutros, Mendez, 2012).

Trastornos clínicos correlacionados con daños en el sistema límbico

Aunque es poco frecuente que, al presentarse daño cerebral, se vea afectada una sola área, algunos trastornos psiquiátricos y cognitivos se han asociado con un mal funcionamiento del sistema límbico (Clarck, Boutros, Mendez, 2012):

  • Esquizofrenia: En pacientes con esquizofrenia, se ha reportado un alargamiento ventricular de hasta un 33%, lo que implicaría una atrofia de estructuras temporales como la formación hipocámpica y la amígdala. Por lo tanto, se ha hipotetizado que, en este trastorno, hay una alteración en la organización en las células piramidales del hipocampo, de modo que esta reducción se relacionaría con los síntomas positivos como los delirios, las ideas paranoides y las alucinaciones.
  • Depresión y trastorno afectivo bipolar: Se cree que estos trastornos están asociados con una disfunción en el circuito límbico cortical estriado palidal talámico, el cual involucra varias estructuras del sistema límbico. Adicionalmente, estudios con neuroimagen han encontrado un menor volumen en estructuras límbicas, así como metabolismo lento y flujo sanguíneo reducido en estas estructuras.
  • Trastorno de estrés postraumático: Se ha encontrado un aumento en el flujo sanguíneo en estructuras límbicas y paralímbicas en pacientes con TEPT. Adicionalmente, frente a eventos estresores, las personas con TEPT presentan una mayor respuesta amigdalina y una menor activación de la corteza prefrontal ventromedial.
  • Personalidad límite: Existen líneas de investigación que correlacionan este trastorno con una hipersensibilidad de la amígdala –en especial para emociones negativas– y una pobre inhibición de la corteza prefrontal medial.
  • Espectro autista: Finalmente, en algunos estudios se ha asociado un incremento en el volumen amigdalino derecho, entre los 3 y 4 años de edad, asociado con un funcionamiento social deficiente cuando llegan a los 6 años. Paradójicamente, en la adolescencia y la adultez, las dificultades sociales en personas dentro del espectro autista, se han asociado con una atrofia amigdalina.

Referencias:

  • Clarck, D. L., Boutros, N. N., Mendez, M. F. (2012) El cerebro y la conducta. Bogotá: Manual Moderno.
  • Kiernan, J. A. (2014). El sistema nervioso humano. Una perspectiva anatómica. México D.F.: Wolters Kluwer
  • López, D. I., Valdovinos, A., Méndez-Díaz, M., Mendoza-Fernández, V. (2009). El sistema límbico y las emociones: Empatía en humanos y primates. Psicología Iberoamericana, 17 (2), 60-69. Recuperado de: psicologiaiberoamericana.ibero.mx
  • Saavedra, et. al (2015). Correlación funcional del sistema límbico con la emoción, el aprendizaje y la memoria. Morfología, 7 (2), 29-44. Recuperado de: revistas.unal.edu.co
Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.