Procesamiento diferencial de gritos de miedo y alegría

Un equipo de investigación de la Universidad de Zúrich ha estudiado si procesamos de la misma forma los gritos de miedo e ira que los de placer o alegría.

Muchas especies de animales suelen emitir sonidos estridentes con el fin de advertir algún peligro o comunicar sorpresa y agresión. No obstante, los seres humanos no solo expresamos miedo e ira a través de los gritos, sino que también manifestamos con ellos emociones como el placer y la alegría.

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A lo largo de los años, se han realizado diversos estudios que analizan la función de los gritos como señales de alarma o ataque. Sin embargo, son pocos los trabajos de este tipo que han considerado otros usos cotidianos de estas expresiones y la forma en que estas son percibidas.

Debido a esto, un grupo de investigación del Departamento de Psicología de la Universidad de Zúrich se dio a la tarea de distinguir entre diferentes tipos de gritos y estudiar la forma en que estos estímulos son procesadas por aquellas personas que las escuchan. En el artículo, publicado en la revista científica PLOS Biology en abril de 2021, el equipo analizó la reacción neurobiológica de un grupo de personas voluntarias ante dichos estímulos. Esto, a partir del análisis de imágenes de resonancia magnética funcional.

Una hipótesis sobre los gritos y su función

Distintas especies de animales utilizan gritos o manifestaciones similares a estos para indicar la presencia de peligros o enemigos, expresando a través de ellos temor o agresividad. Por esta razón, diversas investigaciones han destacado que esta conducta tiene esencialmente una función parecida en los seres humanos. Esto significaría que, aunque los gritos pueden reflejar emociones como la alegría, el placer o la desesperanza, el miedo y la ira serían sus principales incitadores; funcionando de manera más efectiva cuando expresan estos sentimientos.

Visto de esta forma, el grito sería una reacción natural al servicio de los instintos; que se presentaría primariamente frente a una amenaza y tendría como fin principal la supervivencia o defensa de los organismos. Por ello, los gritos de miedo, alarma y agresión deberían reconocerse de manera instantánea, involuntaria y con mayor precisión que otras expresiones; ya que en esto radicaría su utilidad.

Es a partir de esta hipótesis que los autores del artículo referido comenzaron su investigación. No obstante, los resultados obtenidos por los experimentos realizados mostraron un panorama completamente distinto y casi opuesto a esta creencia; dando lugar a una forma diferente de comprender los gritos y su función en nuestra especie.

¿Cómo procesamos los gritos?

Para cumplir su cometido, el equipo de investigación realizó una serie de experimentos en diferentes fases y poblaciones; a través de los cuales, se analizó la capacidad que tienen las personas para reconocer y procesar diversos tipos de gritos.

Existen distintos tipos y clases de gritos

El equipo invitó a un grupo de personas voluntarias a emitir 6 diferentes tipos de gritos de acuerdo a 6 diferentes estados emocionales:

  • Placer
  • Tristeza
  • Alegría
  • Dolor
  • Miedo
  • Ira

Además, se les instruyó para emitir un sonido neutro o grito neutro, que serviría posteriormente como un estímulo de control.

Posteriormente, se solicitó a grupos diferentes de voluntarios que clasificaran las grabaciones de acuerdo a dos criterios:

  • Según la emoción que las generaba
  • Según su nivel de alarma.

De esta forma, los gritos quedaron clasificados en:

  • Alarmantes: dolor, miedo e ira.
  • No alarmantes: placer, tristeza y alegría.

Los gritos también se clasificaron según su cualidad:

  • Positivos: placer y alegría.
  • Negativos: dolor, miedo, tristeza e ira.

Los gritos de placer y alegría se identifican mejor que los de dolor, ira o miedo

En un segundo experimento, el equipo de investigación seleccionó 84 gritos distintos de las grabaciones generadas en la primera prueba. Esto es, los generados por 3 hombres y 3 mujeres, considerando 2 ejecuciones por cada categoría, incluyendo el grito neutral.

Posteriormente, se presentó a un grupo distinto de voluntarios las grabaciones seleccionadas, con el fin de que fueran clasificadas según su valor emocional, tan rápido como les fuera posible.

Este ejercicio se realizó en tres sesiones, durante las cuales las 84 grabaciones se mostraron dos veces en orden aleatorio.

De acuerdo a los resultados de este experimento, los gritos de alegría y placer fueron identificados con mayor precisión que los de ira, miedo, tristeza, dolor y tristeza. Esto es, los gritos considerados positivos fueron reconocidos de manera más eficiente que los distinguidos como negativos.

Este hallazgo contradice la creencia de que los gritos que significan una amenaza se procesarían de manera automática para generar una reacción pronta.

Es más difícil discriminar los gritos de ira, dolor y miedo que los de alegría y placer

En un tercer experimento, se utilizaron los mismos 84 gritos estímulo utilizados en la prueba 2. Esta vez, se agruparon en 21 bloques que contenían dos clases diferentes de gritos, creando diferentes combinaciones.

Dichos bloques fueron mostrados a un nuevo grupo de participantes, quienes debían discriminar entre los dos tipos de gritos expuestos, en el menor tiempo posible.

De acuerdo a los resultados, se cometieron más errores al intentar discriminar los gritos de ira, miedo y dolor, que los de alegría y placer, al realizar una elección entre dos alternativas. Cabe hacer notar, que dichas fallas se dieron incluso cuando ambos gritos son de tipo alarmante.

Este descubrimiento también va en contra de la creencia popular de que los gritos de alarma se procesan de manera más rápida y eficiente, debido a que implican una reacción inmediata.

El cerebro procesa mejor los gritos de alegría y placer que aquellos motivados por el miedo y la ira

En la prueba final, se presentó de manera aleatoria la misma selección de 84 gritos utilizada en el experimento 2 a un nuevo grupo de personas voluntarias. Durante este ejercicio se solicitó a las y los participantes que distinguieran si el emisor de cada grito era una mujer o un hombre. Mientras se realizaba dicha tarea, se registró su actividad cerebral utilizando imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) para monitorear cómo percibían, reconocían, procesaban y categorizaban los sonidos.

La discriminación por género tenía la función de mantener la atención de los voluntarios en el experimento; ya que se considera que esta actividad produce un procesamiento implícito, pero aún fuerte de la calidad afectiva de los estímulos que conduce a activaciones cerebrales consistentes.

El experimento incluyó dos bloques, y en cada uno de estos se obtuvieron 565 imágenes de resonancia magnética por participante.

En términos generales, los resultados mostraron que los gritos de alarma -dolor, ira y miedo- provocaban menos actividad neuronal que los gritos no alarmantes -alegría, tristeza y placer-. Además, los gritos considerados positivos registraban actividad más clara y localizada que los considerados negativos, incluida la tristeza.

Esto implicaría que el sistema neuronal de los seres humanos se encontraría más preparado para decodificar información no alarmante y positiva en los gritos, que para procesar estímulos negativos y de alarma en ellos. Dicho resultado iría en contra de la creencia extendida, de que nuestro cerebro, como el de otros animales, da prioridad naturalmente a las señales que implican una amenaza inmediata con el fin de formular una respuesta a ella.

¿Por qué los gritos de alegría y placer se procesan mejor que los de ira y miedo?

La obtención de estos resultados que contradicen previas suposiciones sobre el desempeño del cerebro humano frente a los estímulos del medio, permitió a los autores formular algunas explicaciones.

En un primer momento, la capacidad reducida de discriminar entre dos gritos negativos, en comparación con la habilidad mostrada entre los positivos, podría ser explicada, según los investigadores, en razón de que la prioridad ante una amenaza es reconocer la presencia y dimensión del peligro y no la naturaleza exacta del mismo. Aun así, aceptan que esta hipótesis no explica por qué los gritos positivos y no amenazantes pueden discriminarse de manera más eficiente.

De esta forma, los autores del estudio sugieren que la razón por la que los gritos de alegría y placer pueden ser mejor procesados que aquellos generados por ira y miedo, es debido a la influencia que los entornos socioculturales cada vez más complejos han tenido en el proceso evolutivo de nuestra especie. Esto implicaría que la interpretación de expresiones más sutiles se ha vuelto cada vez más importante con el tiempo; obteniendo mayor prioridad que el reconocer señales de amenaza o agresión.

Importancia de los resultados

Vistos de forma parcial y sin ningún contexto, estos resultados podrían malinterpretarse como datos triviales o simples curiosidades. No obstante, los hallazgos de esta investigación representan un antecedente científico muy valioso; ya que contradicen preconcepciones muy arraigadas relacionadas con la forma en que los seres humanos percibimos, procesamos y priorizamos la información de nuestro medio.

Hasta ahora, podríamos pensar que expresiones tan primitivas como los gritos evocarían reacciones igualmente primarias, las cuales estarían regidas por alguna forma de sensibilidad instintiva hacia las amenazas del medio. No obstante, en el momento en que descubrimos que nuestro cerebro procesa de manera más eficiente los gritos de alegría y placer, que aquellos producidos por el miedo y la ira; es posible darse cuenta lo importantes que se han vuelto las interacciones sociales en nuestra vida cotidiana y las expresiones pertenecientes a ellas.

Esto significaría, que en el día a día, es más importante y útil para nuestro cerebro reconocer las señales de alegría y tristeza de quienes que nos rodean, que atender a los posibles peligros del medio. Esta condición podría ser el resultado de un largo proceso de evolución y civilización que nos alejaría cada vez más de la vida instintiva sobrellevada por las demás especies animales.

Referencias:

  • Frühholz, S., Dietziker, J., Staib, M., Trost, W. (2021) Neurocognitive processing efficiency for discriminating human non-alarm rather than alarm scream calls. PLOS Biology, volumen (19), número (4). DOI
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.