Las emociones intensas son más difíciles de interpretar

Se sugiere que, por una posible predisposición biológica, daríamos prioridad a la identificación de la intensidad emocional, por encima del reconocimiento del tipo de emoción.

Las expresiones vocales no verbales, como los gritos, el llanto o la risa, nos ayudan a obtener información importante sobre el estado de ánimo de las demás personas. En este sentido, existe la suposición de que cuanto más intensas sean las emociones expresadas, estas son más fáciles de interpretar por los oyentes. No obstante, un grupo internacional de científicos se dio a la tarea de analizar la percepción de este tipo de emociones; obteniendo resultados que desafían dicha creencia popular.

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Autores y publicación

El estudio fue llevado a cabo por un grupo de investigadores provenientes del Departamento de Neurociencia del Max Planck Instituto de Estética Empírica, y del Max Planck NYU Centro de Lenguaje, Música y Emoción, en Frankfurt, Alemania; así como del Departamento de Psicología de la Universidad de Nueva York, en la Ciudad de Nueva York de los Estados Unidos de América.

Los resultados de dicho trabajo se publicaron en 2021 en el diario científico Scientific Reports.

El estudio que sostiene que las emociones intensas son más difíciles de interpretar

A través de tres experimentos, los investigadores estudiaron cómo las personas lograban interpretar vocalizaciones no verbales, como lamentos, risas o gritos, dependiendo de la intensidad en la emoción que expresaban.

En tales pruebas se utilizaron un total de 480 vocalizaciones no verbales que expresaban seis estados afectivos: tres considerados positivos: triunfo, sorpresa agradable y placer sexual; y tres negativos: ira, miedo y dolor. Dichas expresiones se reprodujeron en cuatro diferentes intensidades emocionales: baja, moderada, fuerte y muy intensa.

Se contó con la participación de un total de 90 voluntarios, de los cuales, 30 se asignaron a cada experimento. La edad promedio de estas personas rondaba los 27 años, siendo el alemán la lengua nativa de todas ellas.

Los experimentos

El estudio consistió en tres distintos experimentos, en los cuales los participantes fueron expuestos a las vocalizaciones no verbales programadas:

  • Tarea de categorización de emociones: se solicitó a los voluntarios que asignaran una de siete posibles respuestas a cada vocalización: una de las seis emociones mencionadas, o bien una opción que indicaba que no era ninguna de ellas. Posteriormente, se les pidió que identificaran qué tan intensamente creían que el emisor experimentaba la emoción. Finalmente, el grupo debió indicar qué tan auténtica percibieron la expresión.
  • Tarea de calificación de emociones: se pidió a los voluntarios que indicaran qué tan claramente percibían las emociones específicas en las expresiones. Además, se les solicitó calificar la intensidad de la emoción.
  • Tarea de clasificación dimensional: los participantes debieron juzgar cada estímulo en las dimensiones de valencia -positivo o negativo- y excitación -de mínima a máxima-. Además, se les solicitó que indicaran qué tan auténticas percibían las expresiones.

Resultados del estudio que concluye que las emociones intensas son más difíciles de interpretar

Basados en los resultados de las pruebas realizadas, los autores llegaron a una sorprendente conclusión en torno a la capacidad de interpretar las emociones más intensas.

En un principio, la capacidad de los sujetos para distinguir las emociones expresadas, así como su valencia, mejoró cuanto más intensa era dicha expresión. Esto es, las expresiones moderadas eran mejor reconocidas que las bajas, y las fuertes mejor que las moderadas. No obstante, en lo referente a las emociones más intensas, la habilidad para interpretar disminuía drásticamente; siendo incluso menor a la demostrada ante emociones de intensidad baja.

Por otro lado, la intensidad emocional por sí misma y el grado de excitación, sí se reconocieron y dimensionaron de manera adecuada; existiendo una mejora cuanto más intensa era la expresión. Esto implica que, aunque los sujetos no pudieran distinguir con facilidad, por ejemplo, una expresión límite de enojo de una de sorpresa, si podían establecer que esta era muy intensa y que provenía de una gran agitación.

Este fenómeno fue llamado por los autores como ‘paradoja de la intensidad de la emoción‘; la cual contradice la hipótesis inicial de que defiende que cuanto más intensa es una expresión, es más fácil reconocerla.

Explicación

De acuerdo al grupo de investigadores, esta notable disminución de nuestra capacidad para interpretar las emociones más intensas, puede deberse a que, biológicamente, estaríamos predeterminados a dar prioridad a la intensidad en sí y al grado de excitación de las expresiones; mientras que el reconocimiento específico de las mismas es desplazado a segundo plano. En emociones menos fuertes, esto no sería necesario, ya que no demandarían una respuesta inmediata.

De esta manera, el estudio titulado: ‘The paradoxical role of emotional intensity in the perception of vocal affect‘, se presenta no solo como un esfuerzo más para comprender mejor el abismo que separa nuestra experiencia personal de la de los demás; sino que, además, es un ejemplo claro de cómo el análisis sistemático de dimensiones que pensamos conocer bien, puede revelar realidades que contradicen nuestras creencias cotidianas.

  • Referencias:

Holz, N., Larrouy, P., Poeppel, D. (2021) The paradoxical role of emotional intensity in the perception of vocal affect. Scientific Reports, volumen (11), número (1) DOI: 10.1038/s41598-021-88431-0 Recuperado de www.nature.com

R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.