Lóbulo occipital: anatomía, funciones y desórdenes

El lóbulo occipital, localizado en la parte posterior de cada hemisferio cerebral, regula, coordina y procesa el sentido de la vista.

En la historia evolutiva de cada individuo, el cerebro se desarrolla de la parte interior a la exterior; y la corteza, de la zona posterior a la anterior. Esto quiere decir que el primer lóbulo en desarrollarse en el vientre materno, es el lóbulo occipital. Adicionalmente, es el lóbulo más especializado del cerebro, pues sus funciones principalmente se relacionan con el sentido de la vista. A continuación, te presentamos una síntesis de los aspectos más relevantes del lóbulo occipital.

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Anatomía del lóbulo occipital: áreas y circunvoluciones

El lóbulo occipital comprende una extensión del lóbulo parietal, dividido únicamente por sus funciones -visión-. Estos límites establecidos confieren al lóbulo occipital una forma triangular, configurado de la siguiente forma (Pretto, 2002):

  • En la superficie medial se encuentra el surco parietooccipial
  • La superficie lateral se divide por una línea imaginaria que conecta el surco parietooccipital con la muesca preoccipital.
  • Finalmente, en la cara inferior, se divide por otra línea imaginaria que conecta la muesca preoccipital con el comienzo del surco parietooccipital, zona donde emerge el surco calcarino.

Adicionalmente, en las circunvoluciones más relevantes encontramos (Pretto, 2002):

  • En la cara medial, se encuentra la circunvolución cuneiforme, la cual se ubica entre el surco calcarino y el surco parietooccipital.
  • Inferior al surco calcarino, se encuentra la circunvolución lingual, en la superficie tentorial del lóbulo.
  • Finalmente, se encuentra la circunvolución fusiforme, delimitada lateralmente por el surco occipitotempotal, y separada de la circunvolución lingual, por el surco colateral.

El lóbulo occipital también puede ser dividido de acuerdo con sus áreas funcionales, las cuales son las áreas 17, 18 y 19 de Brodman, o las áreas visuales primaria y secundaria (Pretto, 2002; Snell, 2007).

Área visual primaria

Dentro de las características principales del área visual primaria encontramos (Pretto, 2002; Fitzgerald, Gruener, Estomih, 2012):

  • Esta área del lóbulo occipital se encuentra delimitada por las paredes de la parte posterior del surco calcarino y puede llegar a extenderse alrededor del polo occipital, hacia la zona lateral del hemisferio.
  • A nivel macroscópico, se reconoce por ser una zona de la corteza bastante delgada; adicionalmente, microscópicamente se distingue por estar compuesta por neuronas piramidales.
  • Recibe fibras aferentes del cuerpo geniculado lateral, las cuales inicialmente se dirigen hacia el lóbulo temporal y luego se dirigen a V1.
  • Asimismo, la corteza visual primaria recibe aferencias de la mitad nasal de la retina contralateral, y la mitad temporal de la retina homolateral.
  • Del mismo modo, los cuadrantes superiores de la retina se dirigen a la pared superior del surco calcarino, mientras que los cuadrantes inferiores de la retina, se dirigen a la pared inferior del mismo surco.
  • Finalmente, la mácula lútea –zona con la visión más perfecta– está representada en la parte posterior del área 17, constituyendo un tercio de la corteza visual.

Área visual secundaria

Esta área se encuentra rodeando el área visual primaria, sobre las superficies medial y lateral de cada hemisferio, comprendiendo las áreas 18 y 19 de Brodman. Además de recibir aferencias del área visual primaria, también recibe señales de áreas subcorticales, como por ejemplo, el tálamo (Snell, 2007; Fitzgerald, Gruener, Estomih, 2012).

Esta área cumple con una función integradora de la información recibida por el área visual primaria y experiencias visuales pasadas; de este modo, facilita que la persona identifique lo que está viendo (Snell, 2007).

La vía visual del ‘dónde’

La zona lateral de la corteza visual secundaria, responde principalmente al movimiento producido en el hemicampo visual contralateral. Esta área tiene fibras que se proyectan a la corteza parietal posterior (Fitzgerald, Gruener, Estomih, 2012).

Además, esta vía también participa en la estereopsia –capacidad de ver en tres dimensiones- y en el sentido espacial, lo que nos permite identificar en donde se encuentra el elemento que estamos viendo. Finalmente, esta vía llega hasta la corteza prefrontal dorsolateral, un área fundamental para la toma de decisiones; en este caso, la decisión de aproximación o retirada (Fitzgerald, Gruener, Estomih, 2012).

Vía visual del ‘qué’

Especialmente dentro de la porción fusiforme del giro occipitotemporal, converge la porción anteromedial del área 19 con la vía visual ventral. Está vía permite tres tipos de identificación visual (Fitzgerald, Gruener, Estomih, 2012):

  • En una porción relativamente lateral, se pueden ubicar los módulos que responden ante las formas de los objetos –incluidas las letras y los números-. En esta región, la identificación es categórica, por ejemplo identificar un perro, pero no qué perro.
  • En la región media se encuentra la identificación genérica de los rostros humanos, diferenciándolos de otros tipos de caras.
  • En último lugar, en una zona más medial, se ubica el reconocimiento del color, con excepción del blanco y el negro.

En una porción anterior de la vía del ‘qué’, ubicada en la corteza inferotemporal, se encuentra el reconocimiento de los objetos individuales -en este caso sí se diferenciaría qué perro- y el reconocimiento de los rostros (Fitzgerald, Gruener, Estomih, 2012).

Epilepsia del lóbulo occipital

Es menos común que otro tipo de epilepsias y se caracteriza por alucinaciones visuales –aunque estas tampoco se presentan en todos los casos-. Si el foco epiléptico afecta únicamente el lóbulo occipital, se pueden presentar en forma de luces o manchas, o en el caso de síntomas negativos hemianopsia o escotomas. En caso de que el foco epiléptico sea temporooccipital, las alucinaciones son más complejas (Tohid, Faizan, y Faizan, 2015).

Infarto en el lóbulo occipital

Las características etiológicas, los factores de riesgo y el pronóstico de los infartos en este lóbulo son muy diferentes a las demás áreas del cerebro. Cuando la hemorragia o la isquemia se presenta únicamente en el lóbulo temporal, el único síntoma suele ser una alteración en los campos visuales, y por lo tanto, la intervención implica sistemas ópticos y rehabilitación visual (Tohid, Faizan, y Faizan, 2015).

La pérdida de la capacidad de soñar

En la literatura se ha reportado que los pacientes que han sufrido un daño profundo bilateral en el lóbulo occipital, pierden la capacidad de soñar. Este puede ser un síntoma del síndrome de Charcot-Wilbrand, en donde además de perder la capacidad onírica, se ve afectada la visión y habilidades cognitivas (Tohid, Faizan, y Faizan, 2015).

La esquizofrenia y el lóbulo occipital

Varios estudios con imágenes diagnósticas, han encontrado evidencia de una reducción en el volumen del lóbulo occipital en personas con esquizofrenia. Adicionalmente, se ha encontrado una anisotropia fraccional disminuida, lo que implicaría una pobre integridad en la materia blanca –conectividad– a nivel temporal y occipital, en comparación con sujetos sanos (Tohid, Faizan, y Faizan, 2015).

En consecuencia, estas alteraciones podrían estar relacionadas con una pobre activación en diversas áreas del lóbulo occipital en tareas de toma de decisiones y memoria episódica; así como en el procesamiento de información con contenido emocional, esto relacionado con comunicación temporoparietooccipital (Tohid, Faizan, y Faizan, 2015).

En conclusión, el lóbulo occipital tiene como única función el procesamiento de información visual; si se realiza una comparación entre volumen y funcionalidad, nos sugiere que el sentido de la vista es, en los seres humanos, uno de los más importantes.

Referencias:

  • Fitzgerald, T., Gruener, G., Mtui, E. (2012). Neuroanatomía clínica y neurociencia. Elsevier: Barcelona.
  • Pretto, L. (2002). Occipital lobe morphological anatomy. Arq Neuropsiquiatr, 60 (3), 566-571. doi.org
  • Snell, R. (2007). Neuroanatomía clínica. Buenos Aires: Médica Panamericana.
  • Tohid, H., Faizan, M., y Faizan, U. (2015). Alterations of the occipital lobe in schizophrenia. Neurosciences, 20 (3). Recuperado de ncbi.nlm.nih.gov
Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.