Terapia asistida con animales: Una práctica con aval científico

La terapia asistida con animales es una práctica en auge y constituye una línea de investigación recurrente en la discapacidad, entre otras aplicaciones.

Cuando se habla de terapia asistida con animales se hace referencia a procesos terapéuticos desde diferentes especialidades, en donde animales entrenados tienen un rol específico que ha demostrado ser beneficioso para muchas patologías. 

Estos procesos se basan en los vínculos que desarrollan los seres humanos con animales de otras especies, los cuales comenzaron como un contrato mutuo de beneficio; y posteriormente evolucionaron a significados más emocionales y profundos (Pulgarin y Orozco, 2016). 

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¿Qué dice la ciencia de la terapia asistida con animales?

Aunque la comunidad científica está de acuerdo con los beneficios que traen los animales en los procesos terapéuticos; los mecanismos aún no están del todo claros. Por lo tanto, las investigaciones aún se encuentran en proceso (García-Mauriño, et.al, 2017).   

En el año 2015 se publicó un estudio realizado por Takefumi Kikusui titulado ‘oxytocin-gaze positive loop and the coevolution of human-dog bonds’. En el estudio se encontró que el vínculo que se establece entre los humanos y los perros está mediado por la hormona de la oxitocina; hormona presente también en los vínculos humanos y se relaciona con los sentimientos de amor y lealtad. El estudio concluye que se libera oxitocina tanto en los perros como en humanos; especialmente en los momentos en los que se miran fijamente (Pulgarin y Orozco, 2016; García-Mauriño, et.al, 2017).

Asimismo, algunas investigaciones señalan que los beneficios observados con las terapias asistidas con animales pueden estar relacionadas con alguna de las siguientes hipótesis (García-Mauriño, et.al, 2017):

La primera hipótesis sugiere que la interacción con animales ayuda a los seres humanos a cubrir necesidades psicológicas básicas; dada la facilidad de los animales para establecer relaciones con las personas. Se crean vínculos basados en la empatía, satisfaciendo necesidades como la autoestima, la aceptación, el respeto y la confianza. Además, les ayudar a expresar emociones que en otras circunstancias serían difíciles de manifestar. 

Otra hipótesis que se está estudiando defiende que los animales adquieren un papel de facilitadores en las diferentes interacciones sociales. En el caso de los procesos terapéuticos; el vínculo entre el paciente y el animal ayuda a establecer una relación de confianza con el o la terapeuta. 

La última hipótesis se basa en la Teoría del Apego. De acuerdo con esta teoría; en las terapias asistidas con animales se generan vínculos de apego seguros. Esto favorece conexiones de seguridad emocional, y estas son las que propician una mejora física y mental de los pacientes. 

Eficacia de la terapia asistida con animales

Múltiples estudios, en los que se ha medido la eficacia de las terapias con apoyo de animales han demostrado que los resultados son favorables; propiciando cambios positivos en el  funcionamiento de los individuos, como por ejemplo (Pulgarin y Orozco, 2016; García-Mauriño, et.al, 2017):

El trato con los animales despierta sentimientos sociales en pacientes con patologías mentales, además de favorecer procesos de relajación y regulación emocional. Además de un incremento en la autoestima, la comunicación, responsabilidad autoeficacia y autonomía en pacientes psiquiátricos; y aquellos con adicción a sustancias psicoactivas y problemas de agresividad y control de impulsos.  

En muchos programas, se incluye el cuidado de los animales que hacen parte de los procesos terapéuticos; lo cual ha sido favorable para los pacientes, incluidos niñas y niños con trastornos del comportamiento.

Se han encontrado resultados sobresalientes en pacientes con traumas emocionales, al realizar intervenciones en las que los animales cumplen una función de coterapeutas. La terapia asistida con animales se ha utilizado con pacientes del espectro autista, adolescentes en situaciones de riesgo, pacientes con demencia, pacientes con alteraciones neuropsicológicas y físicas, y en algunos trastornos psiquiátricos como esquizofrenia. 

En población dentro del espectro autista, cuando se ha realizado terapia con acompañamiento de perros; se ha encontrado una disminución de las conductas de fuga, tolerancia a la frustración y a los tiempos de espera, disminución de conductas estereotipadas, incremento en habilidades sociales y conductas de socialización, aumento en comunicación verbal y no verbal, aumento de la comprensión y seguimiento de instrucciones, y reducción de estrés y ansiedad, entre otros. 

La presencia de los animales en la terapia contribuye directamente en la relación paciente-terapeuta. 

En pacientes oncológicos pediátricos se ha observado una disminución significativa de sintomatología ansiosa.

Algunos estudios con veteranos de guerra sugieren que la terapia asistida con animales puede favorecer procesos para mitigar el trastorno de estrés postraumático

En 1974, se diseñó un programa exitoso con personas presas; para la disminución de las conductas violentas y los intentos de suicidio, siendo un proyecto precursor de las terapias asistidas con animales en ambientes penitenciarios.

Criterios para las terapias de apoyo con animales

La terapia asistida con animales debe cumplir una serie de criterios para obtener beneficios, y eliminar la probabilidad de generar malestar; tanto en pacientes como en animales. Lejos de ser un espacio de recreación con animales, la inclusión de estos como co-terapeutas hace parte de un proceso terapéutico más extenso. Por lo tanto, en las sesiones en la que se realiza terapia asistida con animales se recomienda tener en cuenta los siguientes aspectos (García-Mauriño, et.al, 2017): 

  • Los animales deben haber pasado por un proceso de selección y entrenamiento que les permita una interacción saludable y beneficiosa para los pacientes.
  • Los programas de intervención deben tener definidos previamente los objetivos; junto con una metodología estructurada, los materiales y la duración de cada sesión, según las necesidades.
  • Se deben garantizar medidas de protección, tanto para el paciente como para animal.
  • La intervención la realiza un terapeuta especializado, que se encarga de guiar tanto al paciente como al animal en la consecución de los objetivos. El papel del animal es el de facilitar y motivar la intervención.  
  • Es fundamental que se lleve un registro de las actividades, el cumplimiento de los objetivos y los resultados. 

¿Qué tipos de terapia con animales existen?

Como se mencionó anteriormente, la terapia asistida con animales tiene unos protocolos previamente establecidos; de la misma forma, se han definido las diferentes modalidades, dependiendo de los animales involucrados (Pulgarin y Orozco, 2016):

Equinoterapia o hipoterapia

En esta terapia se utiliza como apoyo central al caballo. Múltiples estudios han encontrado que el trabajo con estos animales contribuye con la mejora significativa en el desarrollo psicológico, físico y social de personas con discapacidad o necesidades especiales, y el contacto con este influye directamente en capacidades sensoriales y motoras. 

Terapia con delfines o delfinoterapia

Almenara (2007, citado por Pulgarin y Orozco, 2016), sostiene que los sonidos emitidos por la ecolocalización de estos mamíferos, influyen directamente sobre el sistema nervioso, lo cual puede generar la sensación de tranquilidad y bienestar. Este tipo de intervención se realiza principalmente con niños y niñas dentro del espectro autista. Aunque es una práctica establecida, se están realizando investigaciones en busca de mayor fundamentación empírica y metodológica.

Terapia con perros

Esta terapia se enfoca principalmente en el plano afectivo y motivacional de los y las pacientes; mediando entre la relación paciente-terapeuta, facilitando la comunicación, y con un gran valor reforzante. Además, se ha encontrado que la presencia de los perros en terapia genera una reducción del estrés y la presión sanguínea; favorece la disminución de la depresión y acelera los procesos de curación. Incluso se ha llegado a afirmar que favorece el sistema inmunológico. Aunque existen beneficios contrastados, se continúan realizando investigaciones en aras de validar los procedimientos y de identificar los mecanismos de acción.

Conclusiones

Finalmente, como se ha podido observar, las terapias con animales presentan unos resultados significativamente positivos en la salud física y mental de muchas poblaciones; sin embargo, no podemos tener una perspectiva únicamente del beneficio que los animales tienen para los humanos, sino que desde una postura bioética y proteccionista, debemos considerar a los animales como seres vivos sintientes, que muchas veces para hacer parte de estos procesos son arrancados de sus hábitats y terminan siendo sometidos a circunstancias innaturales, crueles y de maltrato.

Por lo tanto, es fundamental tener presente que los animales son merecedores de una serie de derechos que deben respetarse dentro de los procesos terapéuticos, como por ejemplo no ver al animal como un recurso inanimado; mantener al animal dentro y fuera de terapia en un entorno saludable, en el que su salud física y emocional esté protegida; prestar atención ante los riesgos que puedan presentarse para el animal durante las sesiones y minimizarlos; no superar el tiempo recomendado por sesión y por sesiones semanales (máximo 3 sesiones semanales de no más de 45 minutos); respetar sus procesos biológicos, fisiológicos y emocionales dentro y fuera de la terapia, y sobre todo, mantener una postura firme y pública en contra del maltrato animal (Chacón y Serradas, 2018).

Referencias:

Sandra Correa
Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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Sandra Correa
Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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