Virginidad: constructo social de opresión a las mujeres

La conceptualización de la virginidad no responde a factores biológicos, sino que constituye un constructo social de control hacia las mujeres.

La virginidad es un concepto sorprendentemente vago. En términos generales, hace referencia a la falta de interacción sexual previa. Sin embargo, este término tiene diferentes acepciones dependiendo del contexto sociocultural donde se le mencione, así como de la experiencia personal de quienes lo refieran y escuchen (MacAlister, 2015). En otras palabras, la virginidad es un constructo social, y como tal, su significado se ve construido, enriquecido o distorsionado por las ideas, creencias, prejuicios y tendencias de la cultura que lo genera.

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En la actualidad, la evolución y cruzamiento de las distintas sociedades, han dado lugar a una transformación importante del concepto de virginidad. Las ideas que privilegiaban el coito como el punto de referencia a partir del cual un individuo dejaba de ser virgen, han dado paso a diversas interpretaciones personales que hacen del concepto de virginidad un constructo social en constante transformación.

Jóvenes de todo el mundo tienen diferentes nociones de lo que significa ser virgen. Entre los conceptos de virginidad más comunes en este sector, se encuentran los siguientes:

  • Se relaciona de manera exclusiva con la penetración vaginal o anal por un pene, por lo que otras prácticas brindan una especie de ‘pase libre’.
  • Hace referencia solo al coito vaginal, por lo que la masturbación mutua y el sexo oral o anal no cuentan.
  • Significa no aceptar intimidad física de ningún tipo, incluidas las caricias y los besos.
  • Implica la falta de cualquier relación emocional con el otro sexo.
  • Es la falta de contacto físico entre un hombre y una mujer -sin contemplar las prácticas no heterosexuales-.
  • La virginidad se mantiene hasta que se tiene interacción sexual dentro de una relación formal.
  • Significa mantener un compromiso con otra persona, independientemente de la historia sexual de los participantes.
  • Implica tener un himen intacto.

(Wang, Ho, 2011) (Smith, Shaffer, 2013) (Mehrolhassani, et.al 2020)

El pesado constructo social de la virginidad femenina

Debido a las múltiples concepciones culturales e individuales que rodean a la virginidad, es imposible partir de un significado universal sobre este aspecto. No obstante, esta dimensión siempre ha tenido un alto valor para la mayoría de las civilizaciones, jugando un papel particularmente especial en los roles que las distintas sociedades exigen de la mujer.

Tanto en oriente como en occidente, la sexualidad femenina es juzgada a partir de una visión patriarcal. En muchas ocasiones, estas culturas consideran al cuerpo femenino como un objeto que no le pertenece a la mujer, sino que es propiedad de la comunidad, la cual rige las pautas de su uso y goce (Dávalos, 2015). Esta tendencia sobrevive incluso en aquellos lugares donde distintos movimientos sociales y políticos han defendido el derecho de la mujer a practicar y expresar su sexualidad libremente. Esto, debido a que la influencia de la cultura en estos términos se manifiesta de manera doméstica. Lo que significa que un cambio a nivel legislativo, difícilmente implica un cambio en las normas sociales o las costumbres.

Debido a lo anterior, existe una especie de ‘complejo de virginidad femenina’ que se encuentra inscrito en muchas culturas del mundo. Según este constructo social, la virginidad femenina es un sinónimo de virtud, fidelidad y bondad, lo que implica que debe ser preservada por las mujeres y preferida por los hombres (Wang, Ho, 2011). Esta noción no está ligada solo a las costumbres de una comunidad determinada. Aun en la actualidad, existen muchos países en los que la sexualidad femenina está legislada, y en donde la condición de una mujer como virgen es un requisito para contraer matrimonio (Mehrolhassani, et.al 2020).

La perdida de la virginidad como una herramienta de control social

Un aspecto importante sobre la virginidad y el constructo social que se crea alrededor de ella, es el de la pérdida de la misma. El valor que esta dimensión tiene en la vida de todo individuo no obedece solo a las normativas culturales. Esta tiene un peso a nivel individual, y la ocasión de perderla es un momento importante en el desarrollo de toda mujer.

Aún en sociedades relativamente liberales en torno a la sexualidad, existe un elemento de coerción hacia la mujer en torno a la pérdida de la virginidad. Este se manifiesta desde la manipulación y chantaje emocional por parte de las parejas, hasta la agresión física o incluso la violación (Wang, Ho, 2011).

Por otro lado, existen sociedades que hacen de la abstinencia una política pública, presionando a las jóvenes a evitar cualquier avance sexual, bajo el pretexto de protegerlas de daños a su integridad, física, psicológica o incluso moral (University of Minnesota, 2007) (Smith, Shaffer, 2013).

Un factor común que es necesario observar en estas tendencias es que en ambas, el deseo y la voluntad de las mujeres quedan relegados a un segundo plano. De esta forma, el perder la virginidad se transforma, para la mujer, en una cualidad -constructo social- al servicio de terceros, obstaculizando su oportunidad de decidir sobre su propio cuerpo.

Este ataque por dos frentes ha provocado un fenómeno muy particular. Algunas jóvenes actúan de manera tradicional, negándose a perder su virginidad, aun cuando no tengan ideas conservadoras o les importe demasiado la castidad o su significado. Por el contrario, el escoger no tener relaciones sexuales, resguardándose en las normas sociales, les brinda la oportunidad de fluir del rol de objeto sexual pasivo del patriarcado, al de ser un sujeto activo que dice no al sexo premarital (Wang, Ho, 2011).

La educación basada en la abstinencia

En la gran mayoría de las civilizaciones del mundo la virginidad es un constructo social y cultural que transforma el cuerpo femenino en una herramienta de regulación moral. De esta forma, las mujeres son categorizadas en roles como el de la ‘novia recatada’, la ‘chica fácil’ o la ‘madre pura’. Papeles a los que se les atribuye la capacidad de salvar o destruir una comunidad (Wang, Ho, 2011). Es en este sentido en el que la noción de virginidad se yergue como un instrumento de control utilizado por una determinada sociedad sobre las mujeres que la integran, responsabilizándolas de su propia cohesión.

Esta tendencia es observada en cada una de las organizaciones de la sociedad. Las familias suelen hablar a sus hijas como a niñas puras más que como a mujeres deseantes, por lo que la expresión de sus inquietudes sexuales no solo no encuentra espacio, sino que, además carece de un lenguaje apropiado. Hablar de sexualidad dentro del seno familiar es algo vergonzoso, y en muchas comunidades incluso deshonroso. Por ello, ‘una buena hija’ no debe hacer referencia a su deseo sexual, obligándose a mantenerse virgen a los ojos de la familia (Wang, Ho, 2011) (Dávalos, 2015).

En el otro extremo se encuentran las políticas sostenidas por diversos países, donde se le exige a la mujer desempeñar un rol sexual que favorezca el desarrollo de su país. En algunas naciones se instaba a las jóvenes a adoptar el rol de madres, y brindar ciudadanos a la patria, mientras que, en estados tradicionales, se les exige profesar la castidad y la obediencia para preservar las tradiciones y creencias nacionales (Wang, Ho, 2011) (Mehrolhassani, et.al 2020).

Al final, ya sea conservándola u ofreciéndola al bien común, la virginidad femenina surge como un constructo social al que la mujer debe someterse en beneficio de la comunidad.

Virginidad y educación sexual

Uno de los factores más importantes por los que la virginidad se ha transformado en un constructo social peligroso, es el silencio que se ha instituido alrededor de ella. Muchas comunidades han optado por formar a sus jóvenes bajo una política de abstinencia sexual, rechazando o mostrando resistencia a los programas de educación sexual. Esto, argumentando que la exposición de los adolescentes a temas sexuales los incitaría a relacionarse de manera íntima a edades muy tempranas, exponiéndolos a enfermedades de transmisión sexual y atentando incluso contra su salud mental (Wang, Ho, 2011) (Mehrolhassani, et.al 2020).

Ante esto, es importante aclarar que la educación sexual ha comprobado ser una herramienta útil en la prevención de enfermedades, embarazos y abusos sexuales; y que lejos de incitar a los y las jóvenes a mantener relaciones sexuales de manera descontrolada, brinda información valiosa a aquellos que de una u otra manera tendrán una vida sexual activa. En el caso de las adolescentes, la educación sexual es un recurso increíblemente importante. Esta les informa sobre sus diferentes alternativas, lo que les brinda la oportunidad de tomar decisiones adecuadas con su cuerpo. De esta forma, la virginidad, o la pérdida de ella, se transforma en un asunto personal y privado, y no en una supuesta virtud al servicio de la comunidad.

Referencias:

  • Dávalos, N. (2015) Virginidad y Calentura: Saberes de la sexualidad en un rito de paso de la comunidad Binizza de Juchitán, Oaxaca. Ciudad de México, México, CONACYT.
  • McAlister, J. (2015) Romancing the Virgin: Female Virginity Loss and Love in Popular Literatures in the West, Sydney, Australia, Department of Modern History, Politics and International Relations Faculty of Arts Macquarie University. Recuperado de: http://hdl.handle.net/1959.14/1067989
  • Mehrolhassani, M., Yazdi-Feyzabadi, V., Mirzaei, S., Zolala, F., Haghdoost, A., Oroomiei, N. (2020) The concept of virginity from the perspective of Iranian adolescents: a qualitative study, BMC Public Health, volumen 20, Recuperado de: https://doi.org/10.1186/s12889-020-08873-5
  • Smith, V., Shaffer, M. (2013) Gone But Not Forgotten: Virginity Loss and Current Sexual Satisfaction. Journal of Sex & Marital Therapy, volumen 39, número 2, DOI: 10.1080/0092623X.2012.675023
  • University of Minnesota. (2007). Teen Sex And Depression Study Finds Most Teens’ Mental Health Unaffected By Nonmarital Sex. ScienceDaily. Recuperado de www.sciencedaily.com/releases/2007/05/070523113756.htm
  • Wang, X., Ho, S. (2011) “Female Virginity Complex” Untied: Young Chinese Women’s Experience of Virginity Loss and Sexual Coercion. Smith College Studies in Social Work. Taylor & Francis Group, número 81, p.p. 184-200. DOI: 10.1080/00377317.2011.589336
R. Mauricio Sánchez
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del Estado de México. Experiencia docente y en atención clínica, en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del Estado de México. Experiencia docente y en atención clínica, en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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